Convocatoria Nº 59 Re-imaginando diversidad en la academia, en tiempos de activismo feminista y pandemia

Los levantamientos feministas y la actual pandemia del COVID19 han desencadenado una serie de cuestionamientos y profundas críticas al rol de las universidades en la región latinoamericana. Lejos de constituirse como espacios democráticos y pioneros de modos de trabajo horizontales-meritocráticos, numerosa evidencia constata que estas instituciones han reproducido las mismas inequidades y privilegios presentes transversalmente en la sociedad.

Las universidades son espacios que producen y reproducen ciudadanía, estado, conocimientos y privilegios; y la coyuntura ha revelado que nuestras universidades latinoamericanas pareciesen distar mucho de su potencial como productoras de conocimiento contra-hegemónico, mostrándose incluso deficientes a la hora de crear espacios seguros para el aprendizaje, trabajo e investigación.  Como lugares de trabajo, el ideal de las universidades como garantes de estabilidad laboral se hace anacrónica en un contexto neoliberal donde gran parte de las y los profesores tienen contratos temporales conocidos como adjuntos, profesores-hora o coloquialmente “profes-taxi” –dado que pasan gran parte de su día laboral viajando de una a otra universidad a impartir clases. Son también sitios con prácticas enraizadas de acoso (Connell, 2019, p. 61), e incluso aquellas mujeres de los tres estatutos (académicas, funcionarias y estudiantes) que logran la permanencia deben constantemente navegar entre oportunidades de avance con estrategias para evitar o negociar el acoso sexual.

A nivel institucional, las plantas docentes no son representativas de las características demográficas, sobre-representando a hombres de clases y etnias privilegiadas, especialmente en los cargos directivos.  Por ejemplo, en el grupo de rectores de las 29 Universidades chilenas asociadas al CRUCH[1], solo una de ellas está presidida por una mujer (El Mercurio 2020).  Estas inequidades y otras referentes a la posibilidad membresía y avance en la jerarquización y al estatus de “planta” son exacerbadas por brechas de género bien documentadas en cuanto a evaluaciones estudiantiles (Foschi, 1996), citaciones (Dion, Sumner y Mitchell, 2018; Maliniak, Powers, McLaughlin Mitchell, Lange y Walter, 2013), jerarquización (Vettesse, 2019; Chenoweth et al., 2016), publicaciones en revistas científicas  (Breuning y Sanders, 2007; Heslia, Mook Leea, McLaughlin y Mitchella, 2012; Teele y Thelen, 2017), percepción de prestigio (Kadera, 2013; Shaw, 2015), cartas de recomendaciones (Trix y Psenka, 2003), apreciación a su forma de liderazgo (Phelan,  Moss-Racusin y Rudman, 2008), remuneraciones (Perna, 2001) y asignación de cargos donde las mujeres son desproporcionalmente cargadas con “trabajos académicos de cuidado”, más asociado a lo “femenino” (Sanhueza Díaz, Fernández Darraz y Montero Vargas, 2020; McLaughlin y Heslia, 2013), y las barreras institucionales y culturales que crean incompatibilidades entre la maternidad con el trabajo académico  (Crawford y Windsor, 2021).

Incluso hay diferencias en cuanto al prestigio (y remuneraciones) asociado a distintas disciplinas, metodologías y objetos de estudio desvalorizándose justamente aquellas que podrían eventualmente producir mejoras en los planos educativos (Edwards y Davidson, 2017). Las discusiones sobre buenas prácticas docentes y aprendizajes son vistos como temáticas “menos serias” y poco conducentes a la promoción profesional.  En los Estados Unidos, la investigación sobre prácticas docentes “aún es percibido por muchos en la profesión como marginado y tokenizado” (2011, p. 9).  Vale la pena examinar de qué manera las y los docentes están guiando estas conversaciones (Bauer y Clancy, 2018; 2019). Los sesgos no examinados en los programas de estudio y las pedagogías imponen brechas artificiales sobre el aprendizaje estudiantil en todas las áreas (Sampaio, 2006; Beaulieu et al., 2017; Cassese y Bos, 2013; Colgan, 2017, Acharya y Buzan, 2009), y estos son exacerbados por los limites en la diversidad docente.  Por ejemplo, a pesar de que las ciencias sociales y humanidades se dedican a desenmascarar y analizar relaciones de poder, en sus prácticas se ha constatado que reproducen patrones de poderío masculino de forma casi irreflexiva (Freidenberg, 2018).

 En el caso de la ciencia política Latinoamericana, Ravecca (2019) traza orígenes autoritarios en el desarrollo disciplinario cuyos legados contemporáneos la sitúan en un lugar que Rossello describe como el de “…estar ocupando el lugar de abusador de las académicas mujeres, de las y los académicos/as queer, de quienes hacen ciencia política no positivista…” (Rossello, 2019).

Enmarcados en un contexto global de movimientos sociales como #NiUnaMenos (2015-2016) y #Metoo (2018), a nivel latinoamericano surgieron poderosos movimientos feministas estudiantiles, cuyo mensaje común fue la denuncia de abusos sufridos por las estudiantes por parte de sus profesores, ayudantes y compañeros pertenecientes a sus comunidades educativas.  En este contexto, profesoras han dado apoyo a este movimiento y en algunos casos hecho sus propias denuncias (Rodriguez Hetz, 2019).  De esta forma, el año 2018 en las universidades fue caracterizado como un año de activismo feminista en la región (Suárez-Cao y Arellano, 2019).  Las contra-respuestas al levantamiento feminista han tomado una amplia gama de formas con instancias de académicas recibiendo fuertes castigos en sus carreras profesionales por realizar denuncias y/o actos de sororidad (Pieper Mooney y Goldsmith Weil, 2021) y han sido tan generalizadas, que la revista Latin American Studies Forum dedicó un dossier especial a analizar la “ofensiva antigénero” en la región (Forum, 2020).

Mientras redactamos esta convocatoria en mayo del 2020, la pandemia global del covid-19 desafía modelos y estructuras de una educación superior regional ya en crisis, llamando atención a las formas diferenciadas en la cual investigadores, docentes, personal y estudiantes acceden y se relacionan con universidades y sus eventuales resultados desiguales.  Las modalidades de teletrabajo – que obligan compatibilizar tareas domésticas, de cuidado y reproducción, con la competencia por la productividad científica ha exacerbado inequidades beneficiando a quienes no participan plenamente en tareas de cuidado (Minello, 2020).  Ya a partir de abril, en la recepción de artículos en revistas académicas de corriente principal se observó un aumento en manuscritos autoreados por un hombre, un estancamiento en aquellos autoreados por una mujer, y disminuyó el número de artículos coautoreados que no incluyen un autor hombre[2] (Flaherty, 2020; Lawless y Dolan, 2020; Minello, 2020). 

En el newsletter de mayo 2020 de la Revista de Ciencias Socais Dados, se reportó una caída desde 38% a 13% de manuscritos enviados por autoras entre el primer y segundo trimestre de este año.  Esto es un indicio temprano de que el trabajo intelectual femenino no está siendo priorizado en el reajuste de tareas y Fisher and Taub (2020) lamentan de antemano que en un mundo pos-pandémico habrá menos investigación liderada por mujeres. 

A medida que se implementa la transición a modalidades virtuales de emergencia, también se han exacerbado inequidades en cuanto al acceso de estudiantes a tecnología, conectividad, espacios para el aprendizaje y responsabilidades de cuidado, así como resultados consecuentes a esas brechas. 

Ambas disrupciones llaman la atención a las distintivas inequidades de género, clase social, raza y etnicidad, orientación sexual, distintas capacidades, cuerpos, nacionalidad y estatus migratorio, situación familiar y tipo de contrato que están inscritas en la educación superior y crean una oportunidad para reflexionar sobre las oportunidades potenciales de transformación radical donde de forma intencional se garantiza inclusividad en la promesa de la educación superior. 

En este lente de aproximación, se buscan contribuciones que presenten resultados de investigaciones empíricas y teóricas, reflexiones (artículos de reflexión orientados a nuevas metodologías o discusiones sobre enfoques y análisis), revisiones bibliográficas (análisis crítico del estado del arte del conocimiento mediante la evaluación de estudios e investigaciones ya publicadas) que documenten y analicen las estructuras de exclusión creadas, reproducidas y preservadas por la educación superior y contribuyan a un mejor conocimiento de nuestra realidad latinoamericana. 

Nos interesan particularmente aquellos trabajos que contengan aproximaciones a la re-imaginación potencial que podría diversificar la educación superior y que revelen cómo las diversidades (o falta de éstas) se reflejan en la academia y el trabajo académico incluyendo, pero no limitado a la docencia, investigación, colegialidad, jerarquización y remuneración.

Para el envío de su artículo siga estrictamente con el perfil, alcance y las normas de la POLIS, Revista Latinoamericana detalladas aquí https://scielo.conicyt.cl/revistas/polis/einstruc.htm. Los artículos postulados a la sección Lente de aproximación “Re-imaginando diversidad en la academia, en tiempos de activismo feminista y pandemia” deberán ser enviados al correo revistapolis@ulagos.cl

indicando en el asunto “Convocatoria Número 59", hasta el 30 de octubre 2020

Referencias

 

2011. Political Science in the 21st Century. Washington DC: American Political Science Association.

 

Acharya, A. y Buzan, B. (2009). Why is there no non-Western international relations theory? An introduction. Non-Western International Relations Theory, 11-35. Routledge.

Allen, Henry L. (1997). Faculty Workload and Productivity: Ethnic and Gender Disparities.  THE NEA 1997 ALMANAC OF HIGHER EDUCATION.

Bauer, K. y Clancy, K. (2018). Teaching Race and Social Justice at a Predominantly White Institution. Journal of Political Science Education, 14 (1), 72-85.

Bauer, K. y Clancy, K. (2019). Political Science Pedagogy in Flyover Country: How Faculty Navigate Diversity in the Midwest. Conference Paper presented at American Political Science Association Annual Conference, Washington DC.

Beaulieu, E., Boydstun, A.,  Brown, N., Yi Dionne, K., Gillespie, A., Klar, S., Krupnikov, Y., Michelson, M., Searles, K. y Wolbrecht, C. (2017). Women also know stuff: Meta-level mentoring to battle gender bias in political science. PS: Political Science & Politics, 50 (3), 779-783.

Breuning, M. y Sanders, K. (2007). Gender and Journal Authorship in Eight Prestigious Political Science Journals. PS: Political Science and Politics, 40 (2), 347-351. doi: 10.1017/Si049096.

Cassese, E. y Bos, A. (2013). A hidden curriculum? Examining the gender content in introductory-level political science textbooks.  Politics & Gender, 9 (2), 214-223.

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Chenoweth, E., Fortna, P., Mitchell, S., Savun, B., Weeks, J. y Cunningham, K. (2016). How to get tenure (If You´re a Woman): Seven peer-reviewed strategies female faculty can use to climb the ladder of academic success. Foreign Policy, April.

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https://www.emol.com/noticias/Nacional/2019/07/24/955741/Quienes-son-los-rectores-de-las-universidades-pertenecientes-al-CRUCh.html  Accesed may 26 2020

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Sampaio, A. (2006). Women of color teaching political science: Examining the intersections of race, gender, and course material in the classroom. PS: Political Science & Politics, 39 (4), 917-922.



[1] El Consejo de Rectores de Universidades Chilenas (CRUCH) es un organismo interinstitucional creado en 1954, con el objetivo de coordinar y potenciar de manera colaborativa la educación universitaria en el país.

[2] Por ejemplo, en la American Journal of Political Science – una revista de corriente principal en la ciencia política norteamericana y con impacto mundial, 64% de los manuscritos enviados ni tienen son de autora o coautora femenina mientras que solamente un 14% no son autoreados por al menos un hombre.  Ya en abril 2020, bajaron los manuscritos enviados a revisión autoreados por mujeres solas o co-autoreados por mujeres mientras que subieron los co-autoreados por grupos mixtos (Minello, 2020; Lawless & Dolan, 2020).