CONVOCATORIAS: Movilizaciones políticas de las juventudes en el escenario contemporáneo

Diferentes protestas y ciclos de movilización que han tenido lugar en los últimos años en América Latina, mostraron la centralidad que cobró la movilización juvenil en la defensa de las mujeres, negros, indígenas y poblaciones LGBTIQ+, al mismo tiempo que puso en agenda cuestiones vinculadas con la ampliación de derechos. No obstante, las juventudes vinculadas con sectores conservadores, las viejas y las nuevas derechas, también han adoptado formas de visibilización y movilización en las calles que buscan impugnar o restringir dicha ampliación de derechos, como se observa en algunos movimientos racistas o en los autodenominados movimientos “pro-vida”.

Ante este escenario nos preguntamos de qué maneras la perspectiva generacional, más específicamente, las reflexiones sobre las juventudes, ayudan a comprender el escenario contemporáneo. En otras palabras, proponemos explorar y comprender, por medio de investigaciones empíricas, qué elementos específicos de la movilización permiten entender las formas de vida de las juventudes, al mismo tiempo que las singularidades que adoptan los ciclos políticos y las formas de movilización colectiva latinoamericanos son vistos desde una perspectiva generacional.

Las juventudes han sido objeto de indagaciones desde los años 50 del siglo pasado y su estudio se ha profundizado y diversificado a lo largo de la última década. Esto ha permitido construir planteos innovadores y alternativos para aprehender el significado y el alcance de la condición de “ser joven”. Los aportes de las miradas sociológicas muestran el carácter de constructo social de la juventud y de las múltiples maneras de experimentarla en función de las desigualdades sociales. En este sentido, nos referimos a las juventudes en plural, conscientes de que la definiciones, las maneras de vivir y experimentar la condición juvenil varían entre países  o regiones pero también al interior de una misma sociedad.

Los estudios sobre las juventudes y participación política se han multiplicado, en especial tras el reciente ciclo de protestas en América Latina y el Caribe. En el caso de Brasil, las jornadas de junio de 2013 constituyen un hito por medio del cual los manifestantes expresaron su descontento con el gobierno y el sistema político (Tatagiba y Galvão, 2019) así como demandas de ampliación de derechos para las mujeres, los negros y la población LGBTQIA + (Perez, 2021).

En Chile, el ciclo de movilizaciones se inicia en 2006 con las movilizaciones de estudiantes secundarios conocidos como los pingüinos, que comenzaron exigiendo mejoras en las instituciones hasta cambios estructurales del modelo educativo (Aguilera, 2017). En 2011, las movilizaciones estudiantiles universitarias hegemonizan las agendas militantes y las demandas dan un paso más: no sólo los estudiantes exigen educación gratuita, sin lucro y de calidad, sino que además plantan la semilla para discutir una nueva constitución (Ponce y Miranda, 2016; Tricot, 2012). En 2018, son las estudiantes feministas quienes protagonizan las principales movilizaciones criticando las prácticas machistas tanto al interior de las instituciones educativas como fuera de ellas (Ponce, 2020). La sedimentación de todas estas movilizaciones, trajo consigo un estallido social sin precedentes, que se inicia el 18 de octubre de 2019, con millones de personas en las calles protestando por distintas demandas, que se originaron por el aumento del boleto de metro, pero que dejaron en evidencia las desigualdades y la crisis social del país. Una de las principales demandas de este movimiento, además de las pensiones y salarios dignos, exigía un cambio de la Constitución de 1980 escrita en dictadura (Faure y Maillet, 2020). Gracias a estos hechos, en octubre del 2020 se realizó un plebiscito que permitió que hoy esté en marcha la redacción de una nueva Constitución, la que debe ser ratificada en un plebiscito de salida durante este 2022.

En Argentina, las movilizaciones de 2015 bajo la consigna #NiUnaMenos, formado por jóvenes activistas, desencadenaron un intenso flujo de manifestaciones que llevaron a la opinión pública el grave problema de la violencia contra las mujeres. Las movilizaciones de 2015 fueron la plataforma para la revitalización de los debates sobre la legalización del aborto que, a su vez, dieron lugar a otras manifestaciones masivas, como las que tuvieron lugar en 2018 durante el debate parlamentario sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo con la consigna #QueSeaLey. Las movilizaciones por la legalización del aborto se replican en 2020 ante la presentación de un nuevo proyecto de ley por parte del Poder Ejecutivo. A fines de 2020, la ley para la despenalización y legalización del aborto y la atención postaborto fue aprobada por el parlamento argentino, tras décadas de luchas feministas por la expansión de los derechos sexuales y (no) reproductivos (Centenera y Molina, 2020). Las manifestaciones en Argentina inspiraron a otros movimientos feministas en América Latina, iniciando un ciclo de protestas que pasó a denominarse primavera o marea feminista. Las protestas con el mismo tema (contra el femicidio) tuvieron lugar, por ejemplo, en Brasil, Chile, Colombia, Uruguay o Costa Rica.

En simultáneo, se observa un reverdecer de movimientos antiderechos en los que se construyen agendas contra de la llamada “ideología de género” que participan activamente en debates públicos y parlamentarios marcando su oposición a la legalización del aborto y a las agendas de derechos que imputan al “progresismo”, en especial en aquellos países con gobiernos que formaron parte del giro a la izquierda en la región. 

Las demandas de las y los jóvenes que participan en las recientes protestas en América Latina revelan puntos en común, como la lucha por la ampliación de derechos para los grupos más sometidos a la opresión social, como las mujeres y los negros, de forma aislada o interseccional. Sus demandas también expresan una fuerte crítica al sistema político. Por ello, segmentos de jóvenes han venido rechazando las formas tradicionales de acción colectiva, proponiendo, por ejemplo, la organización en forma de colectivos, considerados más horizontales e inclusivos (Perez, 2019).

Por otro lado, el período pandémico ha sido escenario de protestas organizadas por grupos de jóvenes que pueden ser considerados conservadores y/o de derecha en el espectro político e ideológico, por oponerse a la expansión de derechos, como aquellos vinculados con la salud. Durante la pandemia, algunas de estas expresiones cobraron mayor visibilidad. Diferentes grupos jóvenes participan resignifican el ideario de la “libertad” a partir de una visión particular de la coyuntura en la que se oponen a la gestión socioestatal de la crisis sanitaria. Rechazan, en particular, las medidas de aislamiento y las campañas de vacunación pública.

El dossier busca hacer una contribución al análisis y la comprensión del intenso escenario de movilización política en América Latina aportando al debate desde una perspectiva generacional. Para ello, se invita a presentar escritos que, en base a hallazgos empíricos, propongan estudios comparados o de caso en los cuales se analice: la participación política de las juventudes; el rol de las juventudes organizadas en movimientos sociales, colectivos, partidos políticos y otras formas de acción colectiva contenciosa; las demandas que sostienen colectivos juveniles o jóvenes dentro de grupos más amplios; la emergencia o la reconfiguración de agendas, reclamos y formas de organización producidos generacionalmente; las estrategias y repertorios de activismo y la movilización política de las juventudes antes y durante la pandemia.

El propósito es reunir estudios que contribuyan a mapear las maneras de procesar generacionalmente los problemas sociales, ensayando respuestas creativas a las maneras en que éstos pueden ser resueltos.

 

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Bibliografía

 

Aguilera-Ruiz, O.; Alvarez-Vandeputte, J. (2017). El ciclo de movilización en Chile 2005-2012: Fundamentos y proyecciones de una politización. Revista Austral de Ciencias Sociales, (29), p. 5-32.

Centenera, M., Molina. F. R. (2021). Argentina legaliza o aborto e se põe na vanguarda dos direitos sociais na América Latina, 2020. El País. Recuperado de https://brasil.elpais.com/internacional/2020-12-29/votacao-historica-no-senado-de-projeto-para-legalizar-aborto-na-argentina.html. Data: agosto, 2021.

Faure, A.; Maillet, A. (2020). Chile despertó. Mobilisations sociales et politisation au Chili. Idées d’Amérique, 15: p. 1–6.

Moya, J. S.; Gallardo, V. S. (2019). Una generación «sin miedo»: análisis de discurso de jóvenes protagonistas del movimiento estudiantil chileno. Ultima década, 27 (51), 225-257.

Perez, O.  C. (2019). Relações entre coletivos com as Jornadas de Junho. Opinião Pública, 25,577–596.

Perez, O. C. (2021). Sistematização crítica das interpretações acadêmicas brasileiras sobre as Jornadas de Junho de 2013. Izquierdas, 1, 1-16.

Ponce, C. (2020). El movimiento feminista estudiantil chileno de 2018: Continuidades y rupturas entre feminismos y olas globales, Izquierdas, 49,1554-1570.

Ponce, C.; Miranda, N. (2016). Redes de confianza online y flash mobs: Movilizados por la educación. Observatorio: Journal, Media, Internet and Social Movements in the context of asymmetries. 161-175.

Tatagiba, L.; Galvão, A. (2019). Os protestos no Brasil em tempos de crise (2011-2016). Opinião Pública, 25(1), 63.

Tricot, Tokichen. (2012).  Movimiento de estudiantes en Chile: Repertorios de acción colectiva ¿algo nuevo? Estudios Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Playa Ancha? nº15.